El pacto de Dios

Helga Seda

Publicado:03/31/2021
libertad
El pacto de Dios

¿Qué es un pacto?

Veamos que encontramos en las Escrituras sobre este tema. La Biblia se divide en dos partes: el Antiguo Testamento (Antiguo pacto) y el Nuevo Testamento (Nuevo pacto). Nuestro Dios desde el principio hizo pactos con el ser creado por él. Estos pactos se refieren, de manera esencial, a una relación de amistad y armonía necesaria entre el Dios que hace justicia y a la vez es misericordioso, y el ser humano, su criatura.

Por definición un pacto es un contrato entre dos partes en el cual, cada uno de sus contrayentes, se compromete a cumplir con las obligaciones definidas en éste. En un pacto se requiere plena confianza.

A diferencia de cualquier pacto, el pacto de Dios con el hombre esta unido a un testamento lo que lo hace unilateral. Jesucristo firmó el testamento con su sangre. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere no será avergonzado (Romanos 10.11). Dios se compromete a cumplirlo y también a ayudarnos a nosotros a cumplirlo.

Los dos grandes pactos de Dios con el hombre tienen una estrecha relación. El Nuevo Pacto es el cumplimiento del Antiguo. Existe una continuidad entre ellos. Ambos pactos se unen para traer la revelación de la Persona de Jesucristo irrumpiendo en la vida humana para traernos salvación y reconciliación con el Padre.

Es en Jesucristo que se cumple el pacto de Dios. El profeta Jeremías dijo antes que se cumpliese esta verdad:

Me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mi.(Jeremías 32:38-40).

El libro de Hebreos lo reitera, expresando (8.10-12) que el Nuevo Pacto de Dios, consiste en tres elementos principales:

  • Primero, implantar su ley en nuestros corazones lo que hace por medio del Espíritu Santo en la vida del creyente.
  • Segundo, una nueva relación que tiene como característica la comunión, el conocimiento de Dios y el derecho a entrar en su presencia. O sea, en el creyente mora el Espíritu Santo quien piensa como Dios y anhela lo que es de la naturaleza de Dios.
  • Y tercero, el olvido total de todos nuestros pecados y rebeliones , lo que produce en nosotros el anhelo de una nueva vida, una nueva disposición y nuevos propósitos.

Este pacto con nuestro Dios es uno de pura gracia. Es un testamento que nos hace herederos de la vida eterna por la muerte de Cristo, el derramamiento de su sangre, y su resurrección. Además, es un pacto porque debemos entrar en acuerdo con el Señor y Salvador de nuestras vidas.

Basado en todo esto que nos revela la palabra de Dios hoy le invito a reiterar el pacto que hizo con el Señor y si no lo ha hecho nunca, le invito a entrar en ese pacto, hoy. Estas 10 declaraciones a continuación le guiará a pactar con Dios de lo profundo de su corazón.

pactos de fe del creyente

Hago un pacto con mi Señor y Salvador Jesucristo.

Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehova se gloriara mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán. Salmo 34.1-2 (VRV60)

Adoraré, glorificaré, honraré y serviré a mi Dios y Rey. Proclamaré las grandezas del Altísimo. Hablaré sobre Jesucristo y las buenas nuevas de salvación todos los días de mi vida. Viviré conforme a sus enseñanzas con la ayuda del Espíritu Santo. Seré sensible a la voz del Espíritu Santo buscando el rostro de mi Dios cada día y su dirección. Esperaré y confiaré en sus promesas.

Hago un pacto con mi corazón.

Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón porque de él mana la vida (Proverbios 4.23 (VRV60)

Hago pacto con el Espíritu Santo para que en mi vida se cumpla este mandamiento. Amaré al Señor con todo mi corazón y a mi prójimo de la manera que me amo a mi misma(o). Guardaré mi corazón del odio, del desamor, del desprecio, de la envidia, del prejuicio, de la iniquidad. Todo ello trae muerte. Decido amar, perdonar, olvidar, honrar, apoyar, proveer, sostener, levantar y abrazar. Esto es lo que mantiene la vida.

Hago un pacto con mi boca.

Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón (Salmo 18.14). (Lea Tito 2.7)

Seré integro y cuidadoso con lo que expreso (impecable). Procuraré ser fiel a mis promesas. Hablaré palabras de consuelo, de bien y de esperanza. Lo que hablo estará de acuerdo con lo que vivo.

Cuidaré de no enredarme con mis palabras. Las palabras expresadas no se pueden recoger. Debo reflexionar antes de hablar. Pondré guarda a mi lengua. Procuraré no quedar atrapado con los dichos de mi boca (Proverbios 6.1-3).

Hago un pacto con mis oídos.

Porque no tenemos lucha contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible… (Efesios 6.12 NTV)

No tomaré nada que se haga o se me diga como una alusión a mi persona. No pondré mi oído a los chismes. Escucharé la voz de mi Dios. Cierro mis oídos a la maledicencia, las burlas y a los que procuran la caída de su prójimo.

No atenderé, ni recibiré las falsas ideas, filosofías y doctrinas que quieran minar mi fe. Escucharé de continuo la palabra de Dios, la alabanza a mi Dios. Aceptaré lo bueno lo honesto, lo amable, lo justo y lo de buen nombre. Proverbios 22.17.

Hago un pacto con mi razón.

Porque Jehová da la sabiduría , y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sana sabiduría a los rectos;…. Proverbios 2.6,9-11).

Nunca haré suposiciones. No debo basarme en mi interpretación de lo que acontece o parece acontecer o de aquello que recibí o de la opinión de otra persona. Debo asegurarme antes, de que estoy en lo correcto, con hechos contundentes que yo misma(o) he podido corroborar.

Me preguntaré: ¿Estaré en lo correcto, existirá otra versión de los hechos, o de lo que recibí? ¿Daré crédito de lo que una segunda fuente me trae, o iré al lugar de origen?

Permitiré al Espíritu Santo discernir aquella verdad que mi Señor desea revela y tomaré acción conforme a su voluntad que siempre es agradable y perfecta.

Hago un pacto con mis manos.

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, a donde vas, no hay obra ni trabajo, ni ciencia , ni sabiduría.

Todo lo que Dios ponga en mis manos para realizar lo haré con la máxima dedicación posible según mis fuerzas y con gozo en el corazón. No murmuraré sobre ello. Todo lo haré como para el Señor porque de Él recibo mi recompensa.

Seré buen mayordomo de lo que Dios coloque bajo mi cuidado pues todo le pertenece a mi Creador. Deseo escuchar su voz cuando, como al siervo de la parábola, me diga: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor (Mateo 25.21).

Hago un pacto con mis pies.

Lámpara es a mis pies su Palabra y lumbrera a mi camino (Salmo 119.105). (Leer Salmo 17.5

y Proverbios 4.26-27).

Examinaré la senda de mis pies. Miraré el consejo de tu palabra. Escogeré el camino recto. No me desviare ni a la derecha ni a la izquierda. Me apoyaré en la enseñanza y me tomaré de la mano del Espíritu para ser guiado(a) por el camino de la bondad, la mansedumbre, el amor, y la justicia. Mis rodillas se inclinarán solo delante del único y verdadero Dios, Señor y Salvador de nuestras vidas y Creador del universo, Jesucristo.

Hago un pacto con mis ojos.

La lámpara del cuerpo es el ojo; asi que si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz. (Mateo 6.22)

Miraré y consideraré lo que es recto amable, honorable. Lo que me añada paz, conocimiento y sabiduría. Pondré mis ojos en la palabra de Dios que me alumbra cada día. Mantendré mis ojos en lo que tengo por delante, puestos en el supremo llamamiento, enfocados en Jesús autor y consumador de mi fe. Estaré satisfecho(a) con lo que disfruto en este momento. Apartaré mis ojo de la codicia (Proverbios 30.8-9)

Hago un pacto con mis emociones.

Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, , amable benigna, llena de misericordia y de buenos frutos (Santiago 3. 17).

No perderé el sentido común. El discernimiento del Espíritu Santo me ayudará a dominar mis emociones. Las someteré al Espíritu Santo que mora en mí (Romanos 8). Cultivaré el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad (gentileza), bondad, fe, mansedumbre (humildad), templanza (dominio propio) (Gálatas 5.22,23). Refreno mi lengua para no ofender (Santiago 3.2-12) haré todo lo que esté a mi alcance para ser un pacificador.

Hago un pacto con mi mente.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta (Romanos 12.2)

No tendré mas alto concepto de mi que el que debo tener, así como me requiere la palabra del Señor. Ordenaré mis pensamientos con el consejo y las enseñanzas de Jesucristo (Proverbios 20.18). Haré amistad con el sabio, con el que emprende proyectos para la gloria de Dios, con el edificador de calzadas. Tomo en serio mi asignación y me enfoco en ella. Procedo al blanco. Mi meta es el galardón ganado para mi por Jesucristo mi Señor y Salvador.

Así me ayude mi Dios y Señor. Amén.

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